
Reporte Alfonso S. Palomares de El Tiempo de hoy:
Hace cinco años, cuando el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) de Hugo Chávez copó la totalidad de los escaños de la Asamblea Nacional por la negativa de la oposición a participar en aquellas elecciones, el eufórico presidente dijo: “Venezuela camina con la fuerza de un ciclón hacia el socialismo”. Ahora, después de estas elecciones en las que ha participado la oposición, ha quedado claro que Chávez ya no es el único dueño y señor del escenario político y social venezolano. El ciclón ha perdido fuerza y aire.
Después de conocerse los resultados, el presidente Chávez y el portavoz de la oposición coincidieron en una cosa, ambos calificaron sus respectivos resultados como “victoria importantísima”; el portavoz de la Mesa de la Unidad Democrática, Armando Briquet, afirmó que a partir de ahora tendrán un enorme poder político. El presidente, que contra su costumbre salió a valorar los resultados un día después del cierre de las urnas, afirmó que la Asamblea Nacional continuaba siendo roja rojita, y que su dirección hacia el socialismo seguiría con paso firme. Como siempre, Chávez fue un diluvio verbal en su comparecencia, aunque con menos fulgores tropicales que en otras ocasiones.
El debate ahora se centra en quién ha ganado las elecciones. Los chavistas dicen que las han ganado por goleada si miramos la composición de la próxima Asamblea; en cambio, la oposición sostiene que ellos han vencido porque han superado al oficialismo en votos populares. Ahí está la madre del cordero de la dialéctica postelectoral: quién ha ganado en votos populares. Los últimos datos que leo en el periódico Universal de Caracas, alineado con la oposición, dan el 48% para la Mesa de la Unidad Democrática, el 46,4% para el PSUV, un 2,91% a Patria para Todos, y el resto, diluido en algunas pequeñas agrupaciones. El Partido Patria para Todos se desgajó del chavismo. Chávez niega estas cifras, aunque sin demasiada contundencia. En cuanto a escaños, el socialismo chavista suma 97; la oposición unitaria, 65; y Patria para Todos, 3. Puede haber un baile de uno o dos escaños en el recuento.
La ley electoral
El diseño de la ley electoral ha primado al partido del presidente, ya que en las zonas menos pobladas un escaño es más barato en votos que en las más pobladas, como ocurre en Caracas. La verdad es que esta norma electoral tiene analogías con las de otros países. Entre nosotros también sucede, ya que los escaños de Madrid o Barcelona exigen más votos que en provincias pequeñas como Soria o Teruel. A Izquierda Unida le cuesta el escaño un millón de votos.
La confrontación dialéctica sobre este punto ha ido tomando una fuerza creciente y es lógico, un movimiento populista como el de Chávez y que quiere cambiar de sistema tiene que tener un acompañamiento masivo para llevarse a cabo. Si repasamos sus discursos son frecuentes las alusiones a la amplia mayoría del pueblo de Venezuela que arropa y empuja su proyecto. No cabe duda de que en otros momentos fue así, ahora ya no lo es, a pesar del acompañamiento mediático oficialista que ha montado.
No cabe duda de que este tema obsesiona al presidente como se puede apreciar en la polémica que sostuvo con la periodista Andreina Flores, corresponsal de Radio Francia, cuando ésta le preguntó: “¿Cómo se explica que con una diferencia de 100.000 votos la oposición haya logrado 37 diputados menos que el socialismo?”. Chávez reaccionó como si le hubieran dado una pedrada, en las imágenes se puede ver cómo se revuelve en el asiento y desprende ira en la mirada. Después de preguntarle de dónde era y ella responderle que venezolana, le soltó que no entendía su pregunta, ya que era una pregunta gelatinosa y sin fundamentación lógica, que ignoraba absolutamente lo que pasó: “Como si vivieras en la luna”. Convirtió a la periodista en la diana de un ataque despiadado y le reprochó que desconocía absolutamente la Constitución y otras lindezas.

Reacciones internacionales
En el panorama mediático, las cosas también cambiarán bastante, ya que la oposición tendrá un fuerte grupo parlamentario que dará juego a los medios como fuente informativa y la prensa contraria a Chávez ya no sólo se centrará en la crítica a sus decisiones. Está apareciendo un nuevo tema de preocupación para los opositores y es qué hará Chávez en los próximos tres meses en que seguirá teniendo las manos libres, porque hasta el 5 de enero no tomarán posesión los nuevos miembros de la Asamblea.
Las reacciones internacionales fueron las previstas. Llamó la atención lo que dijo el ex presidente argentino Néstor Kirchner, esposo de la actual presidenta, Cristina Fernández de Kirchner: “No hay luz, falta agua, decreció el país, tienen un gran proceso inflacionario y han ganado las elecciones”. Le faltó añadir: “Fantástico”. Quien sí estuvo en su papel fue Fidel Castro, que no para, como si quisiera recuperar el tiempo perdido. Dijo: “Fue el enemigo el que evitó que Chávez ganara por dos tercios. El imperio, tal vez cree que obtuvo una gran victoria”. Terminó asegurando que el líder bolivariano tendrá más estímulos que nunca para seguir con su apuesta revolucionaria. Los portavoces de la Casa Blanca felicitaron al pueblo venezolano y los populares españoles, por boca de Gustavo de Arístegui, siguen denunciando la deriva autoritaria de Chávez y la desigualdad entre la oposición y el poder en el proceso electoral.

La cara más dura y trágica de los años de chavismo es la violencia ciudadana, que se ha cobrado 120.000 vidas, la mayoría pobres, una cifra que le pone a la cabeza de los países más inseguros de América Latina. Hay demasiadas armas repartidas entre la población, muchas de estas armas se fueron entregando a grupos de fieles para que defendieran la revolución frente a un hipotético golpe militar. Ahora se emplean para ajustes de cuentas. Es un tema grave. El escenario ha cambiado, sólo nos queda ver cómo se mueven en el futuro los actores en el escenario, tanto los del poder como los de la oposición. De esos movimientos dependerán las próximas presidenciales. Si la crisis se apodera del entramado económico y la violencia sigue dominando el entramado social, la revolución bolivariana camina hacia su fin de reinado. A Chávez también le quedan cartas por jugar antes del final de la partida.